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Feminist Review 73 2003, anti-trafficking legislation: protection or
deportation Revista Feminista N° 73 LEGISLACIÓN
CONTRA EL TRÁFICO DE MUJERES: ¿PROTECCIÓN O DEPORTACIÓN? En
noviembre de 2002, bajo el pretexto de proteger a las mujeres de la
violencia y la explotación, el gobierno británico introdujo una nueva
legislación contra el tráfico de mujeres en el marco de la Ley de
Nacionalidad, Inmigración y Asilo. Sin embargo, la experiencia
demuestra que las leyes e iniciativas contra el tráfico de mujeres son
utilizados en la mayoría de los casos para deportar a las mujeres.
Las/os feministas han iniciado o apoyado estos movimientos, negándose a
admitir el efecto que producen en las mujeres a las que teóricamente
debían proteger. Esto
queda claramente ilustrado con las redadas policiales y de inmigración
en más de 50 pisos en el barrio londinense de Soho el año pasado. Unas
60 solicitantes de asilo y trabajadoras sexuales inmigrantes fueron
arrestadas, exhibidas en los medios de comunicación y detenidas.
Algunas fueron deportadas a pesar de tener solicitudes de asilo
pendientes. Muchas de estas mujeres habían venido al Reino Unido
huyendo de la guerra u otras persecuciones. Algunas eran víctimas de
violaciones, otras madres que habían sido separadas brutalmente de sus
hijos. Legal
Action for Women[1]
coordinó el apoyo legal, visitando a las mujeres detenidas y proporcionando
abogados. El Colectivo Inglés de Prostitutas organizó un piquete de
emergencia en el Ministerio del Interior para alertar al público y
obtuvo una amplia cobertura de los medios de comunicación. Como
resultado, grupos de mujeres, abogados prominentes, miembros del
parlamento y de la iglesia condenaron públicamente las redadas y
cuestionaron su legalidad, evitándose un número de deportaciones. Bajo
escrutinio, la policía cambió su versión de los hechos. El comunicado
de prensa emitido al producirse las redadas declaraba que estaban
“protegiendo a los menores”. Al no aparecer ningún menor, alegaron
que estaban “liberando a las víctimas del tráfico de mujeres”.
Como no había chulos ni traficantes detenidos, declararon que las
redadas eran parte de una amplia iniciativa de “apoyo a los residentes
de Westminster”, ¡ignorando que la mayoría de los residentes
locales, incluida la Soho Society habían condenado públicamente las
redadas! De no ser por nuestra intervención, las mentiras policiales de
la “liberación de las víctimas del tráfico de mujeres” habrían
sido recogidas en la prensa como la verdad oficial. Las
redadas fueron planeadas durante meses. Las mujeres nos han contado cómo
la policía las visitaba con regularidad, aparentemente para asegurarse
de su bienestar, y les preguntaba por su nacionalidad. Todas las mujeres
trabajaban por su cuenta; muchas tenían niños pequeños que mantener y
algunas mandaban dinero a sus familias en sus países de origen. Algunas
se habían visto forzadas a prostituirse al no poder mantener a sus
hijos mediante el odioso sistema de cupones. No
obstante, ninguna de las académicas feministas ni otras personas que
escriben sobre el tráfico de mujeres condenó las redadas. En lugar de
ello, informes tales como “Stopping
Traffic: Exploring the extent of, and responses to, trafficking in women
for sexual exploitation in the UK”[2]
han
constituido la base para esta legislación y otras medidas. El informe
recita cifras policiales sobre el número de “víctimas del tráfico
de mujeres” que no distinguen entre mujeres forzadas a prostituirse y
mujeres inmigrantes que trabajan para sí mismas. Como resultado,
cualquier mujer inmigrante puede ser clasificada como víctima del tráfico
de mujeres y deportada. La policía exagera escandalosamente el alcance
del tráfico de mujeres para justificar el aumento de sus poderes y
capacidades. En junio de 2001 alegó que “la mafia albanesa controla
cerca del 70% de las salas de masaje en Soho”[3],
a pesar de que las declaraciones de las mujeres que trabajan en la zona
apuntan a la falsedad de este dato.
El
nuevo delito de tráfico de mujeres aparece en la legislación junto con
algunas de las medidas más represivas sobre inmigración hasta la
fecha: la detención de todos los solicitantes de asilo, incluidos las
mujeres y niños que huyen de violaciones u otro tipo de violencia; la
segregación de niños solicitantes de asilo de las escuelas comunes; la
desaparición del derecho de apelación de los solicitantes de asilo y
una cláusula que confiere al Ministro del Interior poderes sin
precedentes para alterar la legislación sin la aprobación del
parlamento. En el contexto de un ataque de estas proporciones al derecho
de las personas de escapar a torturas y persecuciones, resulta chocante
que ciertas organizaciones contra el tráfico de mujeres estén abogando
por una “repatriación y
reintegración apropiadas y seguras para las personas afectadas”[4].
El añadido “apropiados y seguros” no impedirá que esta legislación
sea usada para repatriar a mujeres en contra de su voluntad. Las
recomendaciones del informe “Stopping Traffic” son aún más
represoras. Se recomienda que “Todas las fuerzas realicen un simple
ejercicio de inteligencia para recoger información sobre la prostitución
fuera de las calles, y descubrir si hay indicios de mujeres extranjeras
involucradas.” Sin embargo las redadas de Soho mostraron que esta
monitorización se está realizando para reunir pruebas para la
deportación. En el año 2000, las pruebas policiales recogidas de este
modo fueron utilizadas para desahuciar a mujeres de los pisos en los que
vivían y trabajaban. El
informe también habla de “la
necesidad de encontrar formas de proceder en casos legales que no
dependen del testimonio de testigos vulnerables o intimidados”. Una
legislación que no requiera el testimonio de la víctima, permitirá a
la policía decidir quién es una víctima, un chulo o un traficante y
así eliminar convenientemente cualquier objeción. Se juzgará a las
personas únicamente en base a evidencias policiales, lo que da luz
verde a la corrupción policial y sienta un precedente muy peligroso.
Estas propuestas deben ser rechazadas públicamente y debe evitarse que
ganen credibilidad y sean adoptadas por los gobiernos. Las propuestas para permitir la estancia de las
mujeres mientras se procesa a sus agresores son inadecuadas. Las mujeres
no prestarán declaración sabiendo que serán deportadas al terminar el
caso. Si la seguridad y el bienestar de las mujeres fueran
verdaderamente prioritarios, ¿por qué una mujer que huye de una
situación de amenazas, violencia y/o violación y que teme represalias
no tiene derecho a permanecer en el Reino Unido? La
situación de dos jóvenes moldavas que acudieron a nosotras en busca de
ayuda pone de manifiesto no sólo el por qué de la emigración de
muchas mujeres, como única forma de sobrevivir a la pobreza y devastación
derivadas de la guerra, el comercio de armas y la globalización, sino
también por qué las mujeres víctimas de la violencia y la explotación
no pueden conseguir que los responsables sean procesados. “En
Moldavia, mi madre gana 5 libras esterlinas para mantener a los cinco
miembros de la familia. No tenemos agua corriente ni energía. Tenemos
que recoger leña y sacar agua de un pozo. Mi hermana y yo vinimos al
Reino Unido, pensando que trabajaríamos en un restaurante. Después de
una semana, los hombres dijeron que debíamos ganarnos el sustento acostándonos
con otros hombres. Nos pegaron y nos dijeron que nunca volveríamos a
vernos la una a la otra si intentábamos escapar. Unas personas nos
ayudaron a escapar pero dejamos todo lo que teníamos. El Colectivo Inglés
de Prostitutas nos ayudó a encontrar vivienda con unas religiosas. No
podemos acudir a la policía porque sabemos que nos deportarán. Ahora
trabajamos en un club y nuestra familia depende del dinero que les
enviamos.” Estas mujeres necesitan lo mismo que todas las
victimas de la violencia; la protección policial y de los juzgados, una
vivienda, asistencia sanitaria, asistencia económica y el procesamiento
de sus agresores. Y mientras se criminalice a las trabajadoras sexuales,
será aún más difícil para las mujeres denunciar los malos tratos. El “tráfico de mujeres” no es prostitución,
sino trabajo forzado en la industria doméstica, sexual, o cualquier
otra. Los delitos ya existentes de secuestro, violación, acoso sexual,
reclusión ilegal, daños corporales graves, extorsión, etc., pueden
utilizarse para procesar a los agresores de mujeres y niños, sea cual
sea el trabajo al que se les fuerza. Los traficantes se libran de ser
procesados, no por falta de leyes aplicables sino, como en el caso de la
violencia doméstica y la violación, porque la protección de las
mujeres no es prioritaria. En
lugar de dirigirse a la violencia de que son objeto las prostitutas, la
campaña contra el tráfico de mujeres se basa a menudo en una oposición
salaz a la explotación sexual, en detrimento de otras formas de
explotación[6].
Como resultado, se procesa y deporta a las mujeres que trabajan de forma
autónoma como alternativa a la explotación en burdeles, o a la
explotación en el hogar, en el campo, y en fábricas y talleres en
condiciones de trabajo injustas. No se condena del mismo modo a los
grandes empresarios y profesionales que amasan fortunas a expensas de
otros. La
legislación contra el tráfico de mujeres es una parte de la legislación
contra la inmigración que representa un enorme asalto a nuestros
derechos, y es utilizada primordialmente para evitar la entrada de
mujeres procedentes de los países más pobres y deportar mujeres y niños
inmigrantes, a menudo a lugares donde sus vidas corren peligro y donde
padecen duras penalidades. Las redadas de Soho, dirigidas a
sentar la base para más legislaciones de este tipo, han proporcionado más
evidencia en su contra.
Abhijit Dasgupta, de Ayuda en Acción en la India corrobora: “Debemos
luchar todos juntos para asegurarnos de que todo este discurso contra el
tráfico de mujeres no sea utilizado para restringir el movimiento de
las mujeres”. [1] Servicio legal situado en el Centro Crossroads para la Mujer. [2] “Stopping Traffic: Exploring the extent of, and responses to, trafficking in women for sexual exploitation in the UK”, Liz Kelly, Linda Regan. Police Research Series Paper 125, mayo 2000. [3] The Economist, 23 de junio de 2001 [4] Sitio web de la Coalición para la Abolición de la Esclavitud y el Tráfico de Mujeres. [5] Informe del Ministerio del Interior: “Setting the Boundaries, Reforming the law on sex offences”, julio de 2000. [6] Debería considerarse la creación de un delito de ‘explotación sexual’, donde para probar el delito habría que demostrar que se produjo un acto sexual y que un tercero se benefició de ello en términos monetarios o en especie. “Stopping Traffic: Exploring the extent of, and responses to, trafficking in women for sexual exploitation in the UK”, Liz Kelly, Linda Regan. Police Research Series Paper 125, mayo 2000. |