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En todos los continentes las mujeres de color, especialmente las que vivimos en los países del sur, poseemos los recursos mas mínimos y trabajamos más duro por más horas, sin embargo somos las trabajadoras más invisibles. La mayoría de nosotras pasamos nuestras vidas cultivando y cocinando los alimentos o recogiendo el agua y el combustible que mantienen viva a la mayor parte del mundo. Las mujeres de color han dado a luz y cuidado a la mayoría de la gente del mundo durante siglos de explotación: a través del colonialismo o toda otra forma de esclavitud. Siempre se ha combinado el racismo con el sexismo para que el capital global consiga nuestro trabajo más barato o gratis. Si tenemos la suerte de cobrar por nuestro trabajo, nuestros salarios son los más bajos. Normalmente, cuanto más oscura es nuestra piel, más pobres somos. Como madres, hijas, hermanas, esposas, abuelas, tías . . . criamos a l@s hij@s de nuestra comunidad para verl@s forzad@s a desempeñar los trabajos más duros por un salario mínimo; verl@s encarcelad@s injustamente; usad@s por el ejército como carne de cañón; y teniendo que confrontar toda clase de indignidad y discriminación cada minuto del día. Nosotras, las mujeres de color estamos en la línea de fuego por la defensa de nuestras familias y comunidades, pero nuestro trabajo de supervivencia y defensa confrontando varios apartheids, guerras y otras formas de genocidio, está poco reconocido incluso en nuestras propias comunidades y organizaciones. Exigimos indemnización social y económica porque nos han obligado a contribuir a la riqueza del mundo mediante trabajo sin salario y con salarios bajos. También exigimos un reconocimiento por la lucha librada, de la cual se han beneficiado en todas partes todos los trabajadores, todas las mujeres y toda la gente de color. Como nativas o emigrantes, indígenas o importadas como cargo, hemos luchado en todos los continentes: negándonos a cosechar los cultivos comerciales que han sustituido a la agricultura de subsistencia; protestando contra el uso de semillas exterminadoras y cultivos transgénicos, la deforestación, las represas que desplazan a millones de personas y destruyen enormes áreas de cultivo en beneficio del mercado global, la guerra, las dictaduras, la injusticia . . . Pero debido al sexismo y al racismo, nuestras aportaciones e incluso nuestra presencia en la lucha, han pasado desapercibidas. En base al reconocimiento de todas estas luchas – realizadas por otras mujeres, al igual que por hombres – podemos extraer más fuerza y poder de lo que cada un@ de nosotr@s ha sido capaz de ganar, y actuar junt@s para romper para siempre las barreras del sexo, la raza, la nación y la cultura. |