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Estimad@s tod@s:

Mumia Abu-Jamal, el laureado periodista que lleva en el corredor de la muerte desde 1982, tiene pendiente una apelación ante el tribunal de los EE.UU. que, en caso de ser aceptada, podría resultar en un nuevo juicio. Estamos coordinando, junto con Ian Macdonald QC, la distribución de la siguiente carta para que sea firmada por juristas; en ella se destaca el insólito racismo de su primer juicio y se pide al tribunal que preste especial atención a este racismo al considerar la apelación. Hemos visitado a Abu-Jamal en la cárcel y apoyado su petición de un nuevo juicio durante muchos años. Nos mantenemos en contacto con su asesor principal, Robert R. Bryan, de San Francisco, y realizamos gestiones para que el Sr. Bryan hablara ante una audiencia de juristas y otros en Londres el año pasado en un evento patrocinado por el Sr. Macdonald.  Le rogamos que se sume firmando la carta y enviándola de nuevo a esta dirección de correo electrónico. Si conoce a personas de profesiones relacionadas con la jurisprudencia que estarían dispuestas a firmarla, le rogamos que se la haga llegar. Es urgente que esta carta sea recibida por los tribunales estadounidenses cuanto antes porque la apelación se está considerando en estos momentos.  

Atentamente,

Niki Adams

_________________________________________________________

Garden Court Chambers
57-60 Lincoln's Inn Fields
London, WC2A 3LS

Estimados colegas:

Os escribimos con relación al caso del Sr. Abu-Jamal, un reconocido periodista que permanece en el corredor de la muerte en Pennsylvania desde hace casi un cuarto de siglo, y a cuyo caso se ha concedido la revisión por parte del Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos de Filadelfia. 

La revisión fue aceptada por el Tribunal atendiendo a tres cuestiones, cada una de ellas de clara relevancia constitucional. El caso reviste gran interés aquí en el Reino Unido por las siguientes razones:

(i)                 Compartimos una evidente herencia legal que, desde los tiempos de la Carta Magna en 1215, ha otorgado un lugar preeminente a las nociones básicas de un tratamiento y juicio justos;

(ii)               Estos principios básicos garantizan que todo aquel, ciudadano o extranjero, que sea llevado ante nuestros tribunales con cargos graves, sea juzgado por un jurado integrado por sus iguales y un juez independiente y sin prejuicios.

Nuestros sistemas legales difieren en la cuestión de la pena de muerte. El Reino Unido puso fin a la pena de muerte para casos de asesinato mediante la ley llamada "murder act" (abolición de la pena de muerte) en 1965. Desde entonces, la pena de muerte ha sido abolida o suspendida en todos los países de la Unión Europea y los países miembros del Consejo de Europa, incluida la antigua Unión Soviética.

En aquellos lugares del Caribe donde la pena de muerte sigue vigente, según el Privy Council (Comisión Judicial del Consejo de la Reina, la corte suprema de la Commonwealth Británica), mantener a una persona en el corredor de la muerte durante más de cinco años constituye un trato degradante y, por tanto, inconstitucional. 

Aún más, recientemente el Privy Council ha determinado que el requisito obligatorio para imponer la pena de muerte por asesinato es incompatible con el derecho a no ser sometido a tratamiento o castigos inhumanos o degradantes que recogen las constituciones del Caribe Oriental, Jamaica y las Bahamas (véanse los caso La Reina v Reyes (2002) 2 WLR 1034; La Reina v Lambert Watson (2005) 1 AC 472: (2004) 3 WLR 841; La Reina V Bowe and Davis  [2006] UKPC 10). 

En la jurisprudencia del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, se determina que la extradición de una persona para que ingrese en un corredor de la muerte equivale a un tratamiento degradante e inhumano, y constituye una violación del Artículo 3º de la Convención Europea de los Derechos Humanos ( (Soering v United Kingdom 1989 11 EHRR 439).

En el desarrollo de nuestra legislación, los principales factores que desembocaron en la abolición fueron:

(i) El descubrimiento de que personas inocentes habían sido encarceladas y ejecutadas, y

(ii)               una serie de condenas indebidas, cuyos juicios fueron objeto de prejuicios, injusticias, o se realizaron con ocultamiento de pruebas importantes por parte de los agentes de la ley.

En lo tocante a los prejuicios, la exigencia de un "tribunal imparcial" personifica la protección contra el presunto sesgo existente, y es igualmente aplicable al juez y al jurado. En el caso "Porter v Magill (2002) AC 357", la Cámara de los Lores estableció la prueba de aplicación en los tribunales británicos. El tribunal debe primero dilucidar las circunstancias relevantes, para después indagar sobre si dichas circunstancias llevarían a un observador informado y justo a la conclusión de que existió la posibilidad real de que el tribunal tuviera prejuicios.

Por tanto, las razones por las que nos ha interesado particularmente la revisión de la condena y la sentencia recibidas por el Sr. Abu-Jamal son:

(i) Lo grave y perturbador de las alegaciones que cuestionan que el juicio de Abu-Jamal fuera justo, ya que estuvo condicionado por el sesgo racista, y

(ii) porque el Sr. Abu-Jamal se ha hecho indisociable del movimiento contra la pena de muerte, que está creciendo en todos los países, y no menos en los EE.UU., donde más se practica. De ahí que el interés por este caso y la preocupación por él trascienda las fronteras nacionales.

La novedad en el caso del Sr. Abu-Jamal es que por primera vez en 25 años un tribunal ha tomado una decisión que podría dar como resultado un juicio nuevo y más justo para este admirable individuo, y posiblemente su liberación. 

Escribimos como abogados que ejercen la profesión en el Reino Unido y que, compartiendo una herencia legal con nuestros colegas estadounidenses, nos sentimos abrumados por la gravedad de las acusaciones de que esta condena se dictó bajo el sesgo del racismo, que parece haber impregnado el caso desde la noche en que Abu-Jamal fue detenido, en 1981. 

Una cuestión significativa para el tribunal en esta última revisión será determinar si la eliminación sistemática de personas de raza negra del jurado por parte de la fiscalía comprometió la posibilidad de que se hiciera justicia en todo el proceso. La fiscalía utilizó recusaciones de forma perentoria para rechazar a personas que cumplían todos los requisitos y cuya única diferencia respecto a otros posibles miembros del jurado era el color de su piel. Según parece, esto ha sido práctica habitual, especialmente por parte de la fiscalía, en este caso.[1][1]  Esto nunca se permitiría en nuestra jurisdicción y, como sabéis, el Tribunal Supremo de los EE.UU. estableció hace algunos años que dicha práctica es injusta. Es precisamente este precedente el eje de la recusación presentada contra el caso del Sr. Abu-Jamal.

Sin embargo, somos conscientes de que, desde esta resolución, se han juzgado casos similares en tribunales de menor rango en los que la fiscalía ha justificado y excusado la manipulación racista de la selección del jurado, resultando en la ejecución de la víctima de racismo. Nos preocupa que en este caso la ley, tal y como la interpreta el Tribunal Supremo de los EE.UU., pueda ser violada de nuevo por un tribunal de menor rango.

Otra cuestión aceptada en la revisión federal se refiere a la conducta discriminatoria del ya fallecido juez Albert Sabo durante el juicio posterior a la condena, que él presidía. Al admitir a revisión el comportamiento de este juez, el Tribunal Federal demuestra su preocupación por la conducta descaradamente racista del mismo, y que impregnó todo el proceso contra el Sr. Abu-Jamal.

El racismo del Juez Sabo era sobradamente conocido en nuestra profesión ya que no se limitó al juicio post-condenatorio o a este caso, sino que de hecho se había ganado una reputación por sus prejuicios y parcialidad, y envió al corredor de la muerte a más personas que ningún otro juez en los Estado Unidos. Se considera que no es mera coincidencia que casi todas aquellas personas fueran de raza negra. De la misma manera que nosotros nos opondríamos a que el juez Jeffries, el juez de la horca, del siglo XVIII, fuera la cara visible de la justicia británica, nadie en los Estados Unidos querría que el juez Sabo se tomara como prototipo de la justicia estadounidense.

Tenemos conocimiento de que el Sr.Robert R Bryan, principal asesor de Abu-Jamal, ha entrevistado a numerosas personas que estuvieron presentes no sólo en el juicio de 1982, sino también en la audiencia de 1995, y todas ellas fueron testigos de la conducta discriminatoria del juez, que evidenció su racismo tanto abiertamente como de forma soterrada. La discriminación que el juez Sabo ejerció contra Abu-Jamal tenía clara relación con su raza y utilizó expresiones que denotaban un evidente racismo político. 

El ejemplo más descarado fue un comentario del juez, que escuchó una estenógrafa, diciendo que iba a ayudar a la fiscalía a "freír al negro" *(‘fry the nigger’).

Además, el Sr. Abu-Jamal reclamó en repetidas ocasiones su derecho a representarse a sí mismo, puesto que la defensa asignada por el tribunal no contaba con la preparación ni los recursos necesarios y apenas había investigado el caso. El juez Sabo denegó al defendido uno de sus derechos fundamentales. Cuando Abu-Jamal protestó, fue sacado de la sala. Como consecuencia, no estuvo presente durante buena parte del transcurso de su propio juicio y fue, por tanto, juzgado "in absentia". 

Encontramos significativo que se denegara a Abu-Jamal su derecho a representarse a sí mismo en el preciso momento en el que cuestionaba a los candidatos a ser miembros del jurado. Esto posibilitó que la fiscalía eliminara del jurado a las personas de raza negra, al tiempo que impedía que Abu-Jamal ejerciera su derecho cuestionar a miembros claves del jurado.

El juez Sabo admitió también que la acusación argumentara que el Sr. Abu-Jamal había sido miembro del Partido de las Panteras Negras (Black Panther Party[2][2]) como si fuera un delito que justificaba la pena de muerte. Testigos presenciales confirmaron asimismo que mostró favoritismo hacia los testigos y miembros del jurado de raza blanca, permitiendo que un miembro del jurado blanco se excediera en el tiempo de su intervención, mientras denegó esto mismo a otro de raza negra, lo cual motivó que éste abandonara el panel del jurado. También según testigos, el juez expresaba su disgusto hacia las personas de raza negra mediante gestos y expresiones faciales y a través de su tono de voz, lo cual sin duda ejercería una terrible influencia sobre los miembros del jurado.

Otros testigos entrevistados por el Sr. Bryan confirmaron que el tratamiento que Abu-Jamal recibió por parte de la policía fue notablemente racista. Más de un testigo escucho a policías referirse a Abu-Jamal como "nigger" *(negro), y tras su arresto, vieron cómo golpearon su cabeza contra un poste, a pesar de estar malherido con un impacto de bala en el pecho.[3][3]  La policía dejó bien patente su apoyo a la condena mediante una exhibición de fuerza atestando la sala de agentes.  No son nuevos para nosotros el racismo policial ni el tipo de tácticas que llegan a utilizarse en los juicios, puesto que actuaciones similares derivaron en algunos de los más notorios errores judiciales del Reino Unido, donde el Tribunal de Apelaciones raramente revocó condenas hasta muchos años después.

Sabemos que todas estas cuestiones serán revisadas en la nueva apelación, lo cual brinda a los tribunales la posibilidad de rectificar todos estos males. Entrado el siglo XXI, esperamos y confiamos en que el tribunal y la ciudadanía de los Estados Unidos sean conscientes de la gran preocupación e interés que existe fuera del país por que se ponga freno a este racismo de una forma tajante. Es particularmente urgente tras el desastre del huracán Katrina, que hizo que todos los tele-espectadores del mundo vieran un despliegue de racismo de dimensiones insólitas y sin parangón, tolerado (algunos dirían que promovido) por el gobierno de los EE.UU.

Para su información, los signatarios de esta carta llevamos muchos años trabajando en el sistema judicial, todos poseemos experiencia en casos que revestían distintas formas de racismo, y algunos de nosotros somos de raza negra. Somos plenamente conscientes de los efectos que el racismo del sistema judicial estadounidense tiene en nuestras vidas personales y profesionales, y en toda la sociedad, dada la influencia que los Estados Unidos ejercen sobre todos los países del mundo.

También somos conscientes de que el resultado de esta apelación tendrá un gran impacto sobre las personas de color que en estos momentos se enfrentan al sistema judicial; influirá en sus casos, incluso puede que los determine, todo precedente moral establecido por el caso de Abu-Jamal 

Sin embargo, nuestros intereses generales no se superponen a nuestra preocupación por esta persona de gran talento, que ha demostrado, tanto antes de como durante su encarcelamiento, su dedicación a la tarea de cambiar el mundo en beneficio de todos.

Le pedimos que considere con atención la cuestión del racismo en este caso concreto a la luz de los argumentos presentados. 

Atentamente,

Abi Smith Tooks Chambers
Alastair Lyon, Birnberg Peirce and Partners
Alison Macdonald, Matrix Chambers
Allison Bailey, Garden Court Chambers
Alison Stanley, Bindman and Partners
Andrew Katzen, Hodge Jones & Allen
Anna Morven, Bail for Immigration Detainees
Anne Marie Jolly, Hodge Jones and Allen
Anne-Marie Piper, Farrer and Co.
Beatrice Prevatt, Garden Court Chambers
Brenda Campbell, Garden Court Chambers
Brendan Finucane, QC, 23 Essex Street Chambers
Campbell Malone, Stephensons
Catherine O’Donnell QC, Garden Court Chambers
Catrin Lewis, Garden Court Chambers
Colin Hutchinson, Garden Court Chambers
Courtenay Griffiths QC, Garden Court Chambers
Danny Friedman, Matrix Chambers
David Holland, Landmark Chambers
David Spens QC, Garden Court Chambers
Dawn Staple, Hodge, Jones and Allen
Edward Fitzgerald QC, Doughty Street Chambers
Emily Burnham, Bail for Immigration Detainees
Gareth Peirce, Birnberg Peirce and Partners
Geoffrey Bindman, Bindman and Partners
Henry Blaxland QC, Garden Court Chambers
Hugo Charlton, 1 Grays Inn Sq. Chambers, Green Party Chair & Home Affairs spokesperson
Ian Macdonald QC, Garden Court Chambers
Icah Peart QC, Garden Court Chambers
Jeannie Mackie, Doughty Street Chambers
John Halford, Bindman and Partners
Jonathan Glasson, Doughty Street Chambers
Keir Monteith, Garden Court Chambers
Keir Starmer QC, Doughty Street Chambers
Kevin Cobham, Cobham Solicitors
Liz Davies, Garden Court Chambers
Lord Anthony Gifford QC, 8 King’s Bench Walk Chambers
Louise Christian, Christian Khan
Marcia Willis Stewart, Birnberg Peirce and Partners
Mark Stephens, Finer Stephens Innocent 
Martin Penrose, Southwark Law Centre
Martyn Day, Leigh Day and Co.
Maya Sikand, Garden Court Chambers
Michael Turner QC, Garden Court Chambers
Mick Chatwin, Renaissance Chambers
Mike Schwarz, Bindman and Partners
Nick Brown, Doughty Street Chambers
Owen Davies QC, Garden Court Chambers
Patrick Allen, Hodge, Jones and Allen
Paul Ridge, Bindman and Partners
Pete Weatherby, Garden Court Chambers
Peter Morris, Doughty Street Chambers
Pierre Makhlouf, Hackney Community Law Centre
Piers Mostyn, Tooks Chambers
Quincy Whitaker, Doughty Street Chambers
Rachel Despict, Birnberg Peirce and Partners
Rebekkah Wilson, Tooks Court Chambers
Richard Hermer, Doughty Street Chambers
Robert Latham, Doughty Street Chambers
Ronan Toal, Garden Court Chambers
Sadat Sayeed, Garden Court Chambers
Sarah Woodhouse, TRP Solicitors
Shereener Browne, Garden Court Chambers
Smita Shah, Garden Court Chambers
Stephen Simblet, Garden Court Chambers
Tamsin Allen, Bindman and Partners
Terry Munyard, Garden Court Chambers
Tim Owen, QC, Matrix Chambers
Zubier Yazdani, Hodge, Jones and Allen

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